«Ser más semilla y menos flor»

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obispo de Copiapó llama a servir sin aplausos y a cuidar la democracia cumpliendo la palabra.
Mons. Ricardo Morales Galindo presidió el Te Deum de Fiestas Patrias en una catedral repleta, con la delegada presidencial Sofía Cid y el gobernador regional Miguel Vargas encabezando a las autoridades. Convirtió el Desierto Florido en parábola del servicio público, advirtió que las promesas incumplidas erosionan la confianza en la democracia y recordó, con el Papa Francisco, que el adversario «siempre tiene algo bueno que dar».
El Desierto Florido, uno de los fenómenos más esperados por los habitantes de Atacama después de las lluvias, se convirtió este 18 de septiembre en la imagen central del Te Deum de Fiestas Patrias celebrado en la Catedral de Copiapó. Ante un templo repleto, el obispo de la diócesis, Mons. Ricardo Morales Galindo, recurrió a la imagen de la semilla para invitar a mirar el servicio público, la convivencia y el compromiso con los demás desde la sencillez y la gratuidad.
“Todos admiramos la flor, pero casi nadie piensa en la semilla. La semilla no se ve, no recibe aplausos. Y, sin embargo, sin semilla no hay flor”, señaló en su homilía.
En la celebración participaron la delegada presidencial regional, Sofía Cid; el gobernador regional, Miguel Vargas; alcaldes, parlamentarios de Atacama, representantes de las Fuerzas Armadas y de Orden y Seguridad, Gendarmería, además de autoridades civiles y dirigentes sociales y sindicales.
A todos ellos, y particularmente a quienes tienen responsabilidades públicas, el obispo los invitó a ser “un poco más semilla y un poco menos flor”: servir sin medir el trabajo por su visibilidad, las fotografías o los “me gusta”, y procurar que sean otros quienes puedan florecer, especialmente los niños, los adultos mayores que viven solos y las familias que enfrentan dificultades para llegar a fin de mes. “La flor dura un tiempo; la semilla permanece”, expresó.
Mons. Morales comenzó también reconociendo el trabajo realizado por las distintas instituciones durante los recientes temporales que afectaron a la región. Destacó la colaboración entre organismos públicos, municipios, voluntarios y comunidades, que pudieron responder unidos frente a la emergencia.
“Así quiere la ciudadanía ver a sus autoridades: no juntas para la fotografía, trabajando juntas”, afirmó. Desde esa experiencia planteó también el desafío de mantener esa capacidad de colaboración más allá de las situaciones de catástrofe.
Otro de los momentos centrales de la homilía estuvo dedicado al valor de la democracia y a la responsabilidad de quienes ejercen cargos públicos. “Cuando la gente ve que lo prometido no se cumple, deja de creer. Y cuando deja de creer en la democracia, empieza a mirar con simpatía regímenes que recortan libertades”, advirtió.
Por ello, llamó a fortalecer la confianza mediante la coherencia entre las palabras y las acciones: “Si prometemos probidad, cumplamos; si prometemos ayudas, cumplamos. Decir una cosa en campaña y hacer otra en el ejercicio del cargo es dispararnos a los pies”.
El obispo añadió una reflexión desde la propia historia reciente del país: “Discúlpenme que lo diga así, pero quiero la democracia para mi país. Demasiado sufrimos en dictadura como para volver a tiempos tan tristes”.
A la luz de la parábola del buen samaritano, Mons. Morales hizo también un llamado a superar las divisiones y las trincheras que dificultan la convivencia. Recordando una enseñanza del Papa Francisco, señaló que incluso quien se encuentra “en la vereda de enfrente” tiene siempre algo bueno que ofrecer, del mismo modo que cada persona tiene algo bueno que entregar al otro.
En este contexto se refirió también a la realidad de las personas migrantes. Reconoció que las políticas migratorias pueden y deben ser discutidas, pero subrayó que existe un límite que no puede relativizarse: la dignidad humana. “Nadie merece ser humillado”, enfatizó.
Al concluir, el obispo volvió la mirada hacia la gente de Atacama, a la que describió como “un desierto florido permanente”: un pueblo que, en medio de las dificultades, ha sabido resistir, levantarse y volver a florecer.
Finalmente, encomendó a Chile y a la Región de Atacama a la Virgen del Carmen, pidiendo al Señor la gracia de “trabajar juntos para que esta tierra, y sobre todo su gente, puedan florecer”.
miércoles, octubre 7, 2026

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