Diócesis de Copiapó celebró la Asunción de la Virgen y agradeció el don de la vida consagrada

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Con una multitudinaria participación de fieles, la Diócesis de Copiapó celebró este sábado 15 de agosto la solemnidad de la Asunción de la Virgen María en el Santuario de Nuestra Señora de la Candelaria. La jornada estuvo marcada también por la acción de gracias por la vida consagrada y el testimonio de religiosas y religiosos presentes en la Iglesia diocesana.
La celebración comenzó a las 10:00 horas con la Eucaristía presidida por el obispo de Copiapó, Mons. Ricardo Morales Galindo, junto a sacerdotes, religiosas, religiosos y numerosos fieles que llegaron hasta el Santuario de la Candelaria para celebrar una de las fiestas marianas más significativas del calendario litúrgico.
En el contexto de la Jornada de la Vida Consagrada, la comunidad diocesana dio gracias especialmente por la vocación y el servicio de quienes han entregado su vida al Señor mediante la profesión de los consejos evangélicos y desarrollan su misión en distintos ámbitos pastorales y sociales de la diócesis.
Como signo de gratitud y envío, al finalizar la celebración el obispo regaló a cada religiosa y religioso un cirio, invitándolos a reconocer en él un signo de la luz que están llamados a mantener encendida y compartir en medio de la Iglesia y del mundo. El gesto quiso expresar también el agradecimiento de toda la diócesis por su presencia, testimonio y servicio cotidiano.
“María nos muestra hacia dónde camina nuestra vida”
En su homilía, Mons. Morales centró su reflexión en el sentido profundamente esperanzador de la Asunción: María, llevada al cielo en cuerpo y alma, recuerda a los cristianos que la última palabra sobre la existencia humana no pertenece a la muerte, sino a Dios y a la vida.
El obispo invitó a los fieles a contemplar a la Virgen no como alguien distante de las dificultades humanas, sino como una mujer que conoció el esfuerzo, la incertidumbre, el dolor y la cruz, y que permaneció fiel a Dios en medio de todo ello. Su Asunción es, por eso, una promesa de esperanza para quienes peregrinan entre las alegrías y sufrimientos de la vida cotidiana.
En una celebración especialmente vinculada a la vida consagrada, el pastor diocesano agradeció el testimonio de religiosas y religiosos y los animó a continuar siendo una presencia sencilla y luminosa en medio del pueblo: una vida que, por estar puesta en las manos de Dios, ayuda a otros a levantar la mirada al cielo sin dejar de mirar y servir la realidad concreta de la tierra.
La invitación alcanzó también a todos los fieles: vivir con los ojos puestos en la meta definitiva no significa desentenderse de las necesidades del presente. Al contrario, la esperanza cristiana compromete a trabajar por una vida más fraterna, a acompañar al que sufre, a cuidar al débil y a hacer presente el amor de Dios allí donde cada uno desarrolla su vida.
La Virgen volvió a recorrer las calles
Las celebraciones continuaron durante la tarde con una procesión con la imagen de la Virgen de la Candelaria por las calles cercanas al Santuario. Numerosos fieles acompañaron la imagen con oración, cantos y muestras de profunda devoción mariana.
Tras el recorrido, la comunidad regresó al Santuario, donde la jornada concluyó con la celebración de la Eucaristía.
Tanto las misas como la procesión contaron con una amplia participación de fieles, en un ambiente de recogimiento, alegría y fe. Familias, adultos mayores, jóvenes, religiosas, religiosos y comunidades llegaron para encomendar sus vidas a la Virgen y agradecer su presencia maternal.
La celebración del 15 de agosto volvió así a reunir a la Iglesia de Copiapó en torno a María, venerada con especial cariño en estas tierras bajo la advocación de Nuestra Señora de la Candelaria, para renovar la esperanza cristiana y agradecer, de manera particular, el don de tantas mujeres y hombres consagrados que sirven silenciosa y generosamente al pueblo de Dios.
miércoles, octubre 7, 2026

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