Frente a esta realidad, distintas comunidades religiosas y organizaciones territoriales han continuado acompañando a las familias afectadas.
En Cartavio, las religiosas de la Misión Gran Río han estado presentes junto a vecinos que sufrieron daños en sus viviendas y perdieron ropa y otros bienes. En Alto Andacollo, la hermana María Morales, Hija de la Caridad, ha seguido sosteniendo el trabajo que se realiza con las familias a través del Centro Familiar Vicentino.
Durante una visita a estos sectores, el obispo de Copiapó pudo conocer de cerca algunas de estas situaciones y compartir con sus habitantes. Entre ellas, la de una niña cuyo techo cedió con la lluvia. La estructura estaba hecha con materiales muy precarios. Afortunadamente, ella no resultó herida.
Hechos como este nos recuerdan que la emergencia no comienza con la lluvia: viene de antes, de la falta de vivienda digna, servicios básicos y condiciones mínimas de seguridad.
Como Iglesia, renovamos el llamado a no mirar hacia otro lado y a responder con solidaridad, compromiso y justicia. También agradecemos la fortaleza de las comunidades, la organización de los vecinos y el servicio perseverante de quienes acompañan en silencio.

