Fe, gratitud y devoción marcaron la procesión, la novena y la misa en el Santuario de La Candelaria
La noche del domingo 1 de febrero fue la esperada Procesión de las Candelas en el Santuario de La Candelaria de Copiapó. La procesión de la imagen grande fue presidida por el obispo, junto al rector del Santuario, p. Francisco Javier Medina, sacerdotes, diáconos y acólitos, además de los miles de peregrinos que recorrieron las calles aledañas al templo, por alrededor de dos horas, meditando los misterios gozosos del Rosario y sosteniendo sus velas encendidas. La procesión volvió cerca de la medianoche al altar de piedra. A esa hora el rector del Santuario llevó al altar la imagen pequeña, la histórica, que dio origen a la fiesta.
La multitud reunida, con alegría y devoción saludó a la imagen de la Virgen con el canto de Las Mañanitas, acompañada de la Banda del Baile Osada de Guadalupe de Copiapó. Además, la imagen recibió regalos de familias, entre los que se cuenta un traje nuevo, una capa, coronas y joyas.
El obispo en su mensaje pidió a La Candelaria la protección para sus hijos, “cuida a tu pueblo”, y llamó a todos los peregrinos a recibir y propagar la Luz que es Cristo. La imagen recibió el saludo del p. Francisco Javier y el Jefe Jesús González Nayte, representante de las Asociaciones de bailes religiosos de la diócesis. Finalmente, el club de huasos ofreció el acostumbrado esquinazo.
Novena y Misa
Más temprano, en la novena, el obispo reflexionó sobre María como signo de esperanza y maternidad espiritual, recordando que “María es la madre por gracia, madre del pueblo de Dios, madre que sostiene a la luz del mundo, sostiene la esperanza del pueblo que camina”. Subrayó el valor de la peregrinación como acto de fe y consuelo, afirmando que “María no reemplaza a Cristo, como madre nos ayuda a mantenernos cerca de él”, y advirtió que “si toda nuestra devoción termina en el santuario y no llega a la casa, al trabajo, a la relación con el prójimo, entonces la vela que encendemos se apaga al salir”.
Después de la novena se celebró la misa vespertina, centrada en las bienaventuranzas, donde el obispo destacó que “las bienaventuranzas no son un poema para los días fáciles, son la manera de Jesús de encender luz en los lugares donde parece que no hay salida”, invitando a vivir una fe concreta que consuela, reconcilia y trabaja por la paz, con la certeza de que la última palabra siempre la tiene la luz de Cristo.

