Bendición de los enfermos: consuelo, fe y esperanza en el Santuario de La Candelaria de Copiapó

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Una jornada de profunda fe y consuelo reunió a cientos de peregrinos para la unción de los enfermos, la enseñanza sobre María y la invitación a reconocer a Dios en la sencillez de cada día.

 

Una soleada tarde reunió a cientos de peregrinos en el Santuario de La Candelaria de Copiapó para vivir la Bendición de los enfermos, presidida por el obispo Mons. Ricardo Morales junto a sacerdotes y diáconos de la diócesis. Tras el evangelio, el obispo recordó que “El Señor no nos dice: vengan cuando estén bien, ni cuando ya no duela aquella situación que provoca dolor. Dice: vengan, así como están”, destacando que incluso en medio del cansancio y el dolor Jesús promete alivio. Añadió que “A veces el alivio es sentir que no estamos solos, que Dios nos sostiene cuando ya no damos más”, e invitó a vivir la enfermedad acompañados por el Señor: “Que la enfermedad o el cuidado de un enfermo no sea una tarea solitaria, dijo don Ricado, sino que se haga de la mano del Señor”. Subrayó además la confianza en la bondad de Dios: “Esa es la confianza que nos tiene aquí, que nos anima en nuestra vida de fe”.

Tras la prédica, numerosos peregrinos recibieron de manos del obispo y los presbíteros el sacramento de la unción de los enfermos, en un momento de profunda emoción. Al finalizar, el obispo bendijo especialmente a las y los cuidadores de personas enfermas, relevando su fortaleza y paciencia, y agradeciendo la caridad con que hacen presente el amor de Dios. Después de esta liturgia, la imagen grande de la Virgen permaneció en el patio para la oración de los fieles.

Novena: La Iglesia necesita un corazón mariano

En la novena, el obispo explicó el sentido de una devoción mariana auténtica, recordando que María conduce siempre a Cristo y afirmando que “una devoción mariana madura siempre va a termina en Cristo, en la palabra, la eucaristía, la conversión, la caridad. La maternidad espiritual de la Virgen tiene una gran fuerza. Acompaña el nacimiento y crecimiento de la gracia en nosotros”. También señaló que “la iglesia necesita un corazón mariano, capaz de escuchar con paciencia y de sostener los procesos. La fe se cuece lento, el amor se prueba en el tiempo”.

Abrir el corazón al Señor

La última celebración del día fue la misa vespertina. En ella, el obispo invitó a reconocer a Dios cada día, recordando que “nos cuesta ver a Dios en lo sencillo, en lo cotidiano, esperamos que venga de una forma grandiosa”, y animó a abrir el corazón porque “la fe es una puerta que se abre, y cuando eso pasa, el Señor puede sanar, levantar”. Concluyó animando a orar: “confío en ti, pero aumenta mi fe”, para que “no encuentre en nuestro corazón una puerta cerrada”.

viernes, febrero 6, 2026

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