Diócesis de Copiapó celebró Eucaristía en vísperas del Día del Trabajador
El miércoles 30 de abril, a las 19:00 horas, en la Parroquia San Francisco de Copiapó, se celebró la Eucaristía en honor a San José Obrero y en vísperas del Día Internacional del Trabajador.
La celebración fue presidida por el Obispo de Copiapó, Mons. Ricardo Morales Galindo, O. de M., y concelebrada por el Vicario General y párroco de San Francisco, P. Guido Castagna, junto al P. Raúl Aguilera, del Camino Neocatecumenal.
A la Misa concurrió la dirigencia regional de la Central Unitaria de Trabajadores, CUT; el Seremi de Bienes Nacionales; la Seremi de Salud; además de trabajadores, trabajadoras, comunidades parroquiales y fieles del Pueblo de Dios, quienes se reunieron para agradecer, orar y poner en manos del Señor la vida laboral de tantas familias de Atacama.
Durante la celebración se presentaron signos vinculados al mundo del trabajo y a la realidad regional, como piedras, minerales, uvas, una manta de colores, pan y vino. Estos elementos quisieron representar el esfuerzo de mineros, temporeros, migrantes y trabajadores de distintos ámbitos, junto con sus alegrías, cansancios, esperanzas y anhelos de una sociedad más justa.
En su homilía, Mons. Morales destacó la figura de San José Obrero como modelo de humildad, responsabilidad y servicio, recordando que el trabajo posee una dignidad que no puede ser rebajada ni tratada solo desde criterios económicos. Señaló que cada trabajador y trabajadora tiene rostro, historia, familia, cansancios y esperanzas, por lo que la sociedad está llamada a avanzar hacia condiciones laborales más humanas, justas, seguras y dignas.
Asimismo, el Obispo invitó a renovar el compromiso con quienes viven situaciones de precariedad, cesantía, maltrato laboral, abuso o discriminación, especialmente los trabajadores migrantes y quienes sostienen silenciosamente a sus familias con esfuerzo cotidiano.
Uno de los momentos significativos de la Eucaristía fue la bendición de las manos, gesto con el cual la comunidad agradeció a Dios por el trabajo humano y pidió que esas manos, muchas veces cansadas y marcadas por el esfuerzo, sigan siendo instrumentos de servicio, fraternidad, reconciliación y construcción de una sociedad más solidaria.
La celebración concluyó con un llamado a vivir la fe en la vida cotidiana, siguiendo el ejemplo de San José Obrero y poniendo en práctica las enseñanzas de Cristo en el mundo del trabajo, la familia y la comunidad.

