Catequesis y misa juvenil destacaron la importancia de una evangelización cercana, confiada y comprometida con los más vulnerables.
Como cada tarde en el Santuario de La Candelaria en Copiapó, los peregrinos pudieron asistir a la novena, que es el rezo del rosario y luego una catequesis, que está a cargo del obispo, Mons. Ricardo Morales, quien ha estado abordando la auténtica devoción a María.
En su catequesis, don Ricardo habló del estilo mariano para la evangelización. “El estilo de María escucha, sirve, sostiene”, explicó, “presencia que acompaña la vida de la Iglesia, desde el comienzo, en el cenáculo”. El pastor explicó que “si queremos ser verdaderos evangelizadores debemos volver a ese lugar primero: rezar juntos, esperar juntos, dejarnos incendiar por ese fuego del Espíritu Santo”. Resaltó que María no es una reina en las alturas, sino la mujer de lo cotidiano y que aprender a evangelizar con ella es estar cerca de las familias, de las personas enfermas, los ancianos, los migrantes, los pobres. “Ella nos enseña a ser Iglesia, que no se encierra y que no se cansa de amar”, sostuvo.
Misa: discípulos con un corazón liviano
En la misa juvenil, el obispo subrayó la instrucción de Jesús, de enviar a los discípulos sin ningún tipo de seguridad, ni túnica ni dinero. “Jesús nos quiere discípulos libres, con un corazón liviano, -explicó- porque cuando uno empieza a llenarse de seguridades se vuelve pesado; el que camina sencillo puede reconocer con gratitud el pan que le regalan, el techo que le ofrecen, la bondad inesperada”.
Por eso dijo que el evangelio no se anuncia desde tener todo controlado sino desde la confianza en el Señor. “No podemos ser ingenuos, tenemos que planificar y tener metas, pero siempre abandonados en el Señor”, dijo, y llamó a no quedar atrapado en el rechazo sino a tener libertad del corazón, porque “hay puertas que se cierran, pero no para que te amargues sino más bien para seguir caminando hacia donde encuentres corazones más dispuestos”.
Recalcó que el discípulo no es dueño de los resultados, “lo que nos corresponde es caminar confiados en quien nos envía” y recordó las palabras del Papa Francisco, que dijo que la Iglesia debía ser hospital de campaña, “casa de misericordia donde podamos acoger, liberar, sanar”.
Durante el ofertorio, jóvenes presentaron unos audífonos y un celular como símbolo de tecnología; un tríptico y una lámpara en referencia a la semana vocacional que vivirá la diócesis en abril; polerones y pañoletas sobre la jornada diocesana de jóvenes del mes de noviembre; y el pan y el vino. La comunidad oró especialmente por los jóvenes que sufren la guerra, la violencia y diversas dificultades, así como por la pastoral juvenil parroquial y diocesana.

