María, madre cercana, y oración por los migrantes marcaron tercera jornada en el Santuario
Una nueva jornada de oración se vivió este sábado 31 de enero en el Santuario, en el marco del día de oración por los migrantes. La catequesis de la tarde estuvo a cargo del obispo, Mons. Ricardo Morales, quien invitó a profundizar en la figura de la Virgen María como una mujer real, cercana y profundamente evangélica.
Durante su reflexión, el obispo recalcó que “María no es un símbolo ni figura romántica o decorativa; es una mujer real, creyente, libre, fuerte”, advirtiendo que algunas representaciones devocionales pueden alejarla de la sensibilidad actual. Señaló que toda verdadera devoción mariana debe tener su fuente en el evangelio, que presenta “a la mujer que escucha, discierne, que decide, que sirve, que canta la justicia de Dios y permanece fiel cuando llega la noche oscura”.
Don Ricardo afirmó que María es modelo de fe porque vivió lo esencial del Evangelio, la adhesión total a Dios, y destacó que “es humilde sin ser débil, firme sin ser dura; no es una reina distante, es una madre que conoce el peso de la vida”. En este Santuario mariano -dijo- llegan dolores, duelos, violencia y soledad, y María no niega esas realidades, sino que acompaña, sostiene y conduce siempre a Cristo.
Misa de la tarde
La jornada continuó con la celebración de la Eucaristía, presidida por el obispo, en el día de oración por los hermanos migrantes. El Evangelio de las Bienaventuranzas iluminó la liturgia, y en su homilía el pastor afirmó que “esta es Palabra que parece escrita para el corazón herido de tantas hermanas y hermanos migrantes”. Añadió que “Cristo pone nombre y dignidad a quienes el mundo mira con sospecha o con indiferencia y nos dice con una ternura firme: ustedes tienen un lugar en mi reino”.
El obispo subrayó que rezar por los migrantes es hacerlo por personas concretas: familias, jóvenes y adultos que han debido dejar su tierra, su historia y, muchas veces, su tranquilidad. Reconoció también las experiencias de rechazo, precariedad y miedo que muchos viven, recordando que las bienaventuranzas no son una exaltación del dolor, sino la promesa de un Dios que no abandona. Finalmente, llamó a la comunidad a vivir una acogida marcada por la misericordia, la justicia y la fraternidad.
En el ofertorio, personas de distintas nacionalidades presentaron el pan y el vino, además de unas sandalias, signo del camino recorrido; una mochila, cargada de recuerdos e historias; un certificado de visa, signo de estabilidad y derechos; banderas de los diversos países; y una canasta con frutas, como acción de gracias por el trabajo y la acogida.

