La diócesis de Copiapó, con profundo sentimiento, despide hoy, domingo 25 de enero, día del Señor y cuando el Evangelio del día nos habla del llamado de los cuatro discípulos, al querido Diacono Juan Manuel. Servidor que ha escuchado la llamada del Señor, y ha retornado a la casa del Padre. Su partida se produjo en Santiago, donde se encontraba desde hace algún tiempo por razones médicas.
Su velatorio será en el cementerio Parque del Recuerdo, en Huechuraba, donde también se realizará su funeral, en fecha y horario a confirmar.
El obispo, Mons. Ricardo Morales, manifestó que «la diócesis de Copiapó está de duelo en este día al conocerse la triste partida del diácono Juan Manuel García. Reconocemos en él a un servidor generoso, disponible, que junto a su familia supo ser testimonio del Evangelio. Le estaremos siempre agradecidos por su gran ayuda de diversas maneras, colocando los dones que el Señor le regaló al servicio de los hermanos».
Don Ricardo comprometió su oración «por su familia en estos momentos de tristeza y confiamos al Dios de la Vida, a Jesús Resucitado, a nuestro hermano Juan Manuel, sabiendo que como servidor bueno y fiel del Señor está gozando del descanso prometido a los hombres justos y buenos. Que el Señor le conceda la Paz y acompañe a su familia en estos tristes momentos. María Candelaria, cuya fiesta iniciaremos pronto, consuele a la familia, amigos y seres queridos que hoy se duelen de esta partida».
DIÁCONO JUAN MANUEL GARCÍA FLORES
Don Juan Manuel nació el 2 de abril de 1953 en Purén, Temuco, Región de la Araucanía, y fue bautizado en la Parroquia San Enrique de Purén. Una vez en Atacama, realizó su confirmación en la Parroquia Nuestra Señora de La Candelaria en 2005, siendo su padrino el recientemente fallecido Pbro. Aquiles Altamirano.
Recibió la ORDENACIÓN DIACONAL de parte de Mons. Gaspar Quintana Jorquera, CMF, Obispo de Copiapó, el 3 de enero de 2014 en la en la Iglesia Catedral de Copiapó. Adscripción a la parroquia NS de la Candelaria.
Casado hace 46 años con Bristela Sobarzo, tuvo con ella dos hijos, Manuel Andrés y Daniela Alejandra.
Trabajó más de 30 años en la Chilena Consolidada Seguros como Agente de Seguros y encargado de oficina.
Su vida pastoral comenzó fuertemente en Santiago, desde la preparación de su hijo al Sacramento de la Eucaristía y luego con un compromiso más cercano y concreto en la Comunidad de Cristo Resucitado del sector El Pretil de la Parroquia Nuestra Señora de La Candelaria cuando su hija también se preparaba a la Primera Comunión.
Desde su llegada a Copiapó fue siempre muy cercano colaborador en la realización de la Fiesta Religiosa de Nuestra Señora de La Candelaria, ocupando diversas actividades tanto pastorales, económicas y administrativas.
Antes de ser ordenado diácono permanente de esta Iglesia de Copiapó, sirvió como Guía, lector y ministro de la Comunión, visita a enfermos, integrante de la pastoral Bíblica Diocesana, realizó el programa Bíblico radial y la Lectio Divina en la Radio Santuario.
Fue miembro de la Comunidad Eclesial de Base de El Pretil, del Consejo Parroquial y sectorial de la Parroquia NS de La Candelaria.
Al momento de su fallecimiento era miembro de la directiva de los diáconos. Era un motor, entusiasta, disponible, acogedor, atento, servicial y con un liderazgo muy importante en los diáconos permanentes, a los que representaba en la Vicaría de Pastoral. En los últimos años el Obispo de Copiapó Mons. Ricardo Morales lo nombró integrante del Consejo Diocesano de Asuntos Económicos.
Despedimos a nuestro querido amigo Juan Manuel con el corazón apretado, pero al mismo tiempo esperanzado y completamente seguros de que Jesús dio su vida por nosotros para que nosotros tengamos vida eterna.
Hace un mes, cuando se encontraba ya enfermo en Santiago escribió:
“me siento con la tranquilidad de poder expresarles mi agradecimiento por todas sus oraciones y el cariño que de una u otra forma me han manifestado…
…no he transitado solo, por el contrario, he tenido la compañía de mi Telita e hijos, mi familia, de mi venerada Virgen Candelaria, de ustedes: mi familia espiritual, y por supuesto de Dios; y en conjunto han sido los pilares que hoy me sostienen para seguir a paso firme esta nueva tarea que la vida me ha presentado.
Le pido a Dios humildemente me permita en un futuro no lejano poder expresarles mi cariño y agradecimiento a viva voz, pisando nuevamente mi amado norte, del cual hice mi hogar.”

