Monseñor Gaspar Francisco Quintana Jorquera, CMF (1936 - 2025)
Monseñor Gaspar Francisco Quintana Jorquera nació en Santiago de Chile el 5 de octubre de 1936. Hijo de D. Francisco y la Sra. Elena, sexto de siete hermanos. Le sobreviven Norma y Pablo. Desde muy joven sintió el llamado del Señor, respondiendo con generosidad al ingresar a la Congregación Religiosa “Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, CMF (Cordis Mariae Filius), conocida como Misioneros Claretianos.
Realizó su primera profesión religiosa el 02 de febrero de 1954, día de la Presentación del Señor, y en la misma fecha del año 1958 emitía la profesión perpetua en la Basílica del Corazón de María. Cursó filosofía y teología en los Seminarios de Villa Claret, Córdoba (Argentina) y en el Seminario Claretiano de Santiago (Chile), recibiendo la ordenación sacerdotal el 22 de marzo de 1964. Sirviendo un camino pastoral marcado por la cercanía, la sencillez y la alegría del Evangelio.
Su vida sacerdotal se desplegó en múltiples servicios: fue formador de seminaristas, párroco en Curicó y Linares, rector del Santuario de Andacollo, profesor y director de colegios, además de superior de comunidades claretianas. Durante el sexenio 1991-1997 ocupó el cargo de secretario general de su Congregación en Roma. De profunda formación espiritual e intelectual también obtuvo la Licenciatura y posterior Doctorado en Teología con especialización en Mariología en Roma. Su amor por la belleza lo llevó a obtener la Licenciatura en Pedagogía Musical por la Universidad de Chile. Amante del arte y del deporte, también obtuvo el título de entrenador de fútbol. Su formador fue D. Fernando Riera.
Siendo sacerdote vino a la diócesis de Copiapó a ayudar al obispo, Mons. Fernando Ariztía, en la organización de la Fiesta de Nuestra Señora de La Candelaria. Él fue el creador de la Misa Solemne con canto a lo divino, el autor del Trotecillo y el Himno de la Virgen, y también compuso la oración a La Candelaria que rezamos cada jornada durante la Fiesta.
En el momento de su nombramiento episcopal como Obispo de Copiapó, por el Papa Juan Pablo II, el 26 de mayo de 2001, ocupaba el cargo de Superior Provincial de los Misioneros Claretianos en Chile. Recibió la ordenación episcopal el 1 de julio del mismo año, eligiendo el lema “Conservar la Palabra en el corazón”.
Como obispo, fue un pastor entregado a su pueblo, cercano a los sencillos, firme en la defensa de la vida y la creación, y siempre abierto al diálogo. En el Valle del Huasco y en toda la diócesis, fue recordado por alzar la voz en favor del agua limpia, la dignidad humana y la justicia social.
Promotor del arte y la música, implementó ciclos de cine en verano y conciertos musicales; con voz profética realizó foros ecológicos y políticos y creó la Pastoral de justicia y paz y la Pastoral de los Migrantes; y preocupado de la formación permanente de los sacerdotes y agentes pastorales, inició la Semana Teológico Pastoral, iniciativa que ya cumple 22 años. Fundó también la radio Santuario, que en marzo próximo cumple 20 años.
Tras 13 años de servicio episcopal, el Papa Francisco aceptó su renuncia por edad el 25 de julio de 2014. Con la misma humildad de siempre, pidió volver a Andacollo, donde durante cinco años acompañó con ternura y entrega a los peregrinos de la Virgen.
Monseñor Gaspar fue un hombre de fe profunda, amante de la música, de la oración sencilla y de la vida comunitaria. Su estilo pastoral estuvo marcado por la fraternidad, la escucha y la confianza en la acción de Dios en la historia. Muchos lo recuerdan con gratitud por su sonrisa serena, su palabra cercana y su testimonio de vida evangélica.
Hoy, su legado permanece en los corazones de quienes compartieron con él: en la Iglesia de Atacama que lo tuvo como obispo, en el pueblo de Andacollo que lo acogió como hermano, y en cada persona que encontró en él un reflejo del amor de Dios.
El sábado 27 de diciembre de 2025, don Gaspar partió al encuentro del Señor, a la edad de 89 años. La diócesis de Copiapó despide a Monseñor Gaspar Quintana Jorquera, que nos enseñó que el Evangelio se vive con sencillez, con alegría y con profunda confianza en el Señor.

