Queridos hermanos y hermanas:

Al inicio de esta nueva Cuaresma, se renueva en cada uno de nosotros el deseo de acompañar a Jesús en este camino, que lo llevará al tránsito de la pasión, muerte y resurrección. Un deseo que no vivimos en solitario, sino que siempre como comunidad de fe, discípulos del Señor.

Y ¿qué significa acompañar a Jesús? Implica en primer lugar el deseo profundo de estar con él, de compartir nuestra vida junto a la de él, sabiendo que el estar con Cristo, no es otra cosa que dialogar en la profunda confianza de sabernos siempre escuchados y sostenidos por el Amor. Precisamente la Iglesia nos invita a crecer en la oración en este tiempo cuaresmal, oración que se sostiene siempre en la escucha de la Palabra de Dios que nos sale al encuentro. Confrontar nuestra vida con la Escritura Santa, reconocer que hay un Dios que nos habla y que nos llama siempre a establecer un diálogo, donde nos reconocemos siempre profundamente escuchados y sostenidos por un Amor que nos sobrepasa y precede, como dice la 1º Carta de Juan: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que El nos amó a nosotros y envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4:10). El Amor que nos salva es siempre iniciativa divina, y por lo mismo acción de la gracia que nos levanta y acompaña.

Seguir a Jesús también implica compartir su suerte, su historia. Una vinculación que la descubrimos siempre del lado de los pequeños, los últimos, los olvidados, los vulnerados, los “publicanos y pecadores”. Por lo mismo, en este itinerario cuaresmal, los invito a que cada uno de nosotros siga reconociendo el “paso” del Señor en aquellos que “no cuentan”, en los olvidados del “sistema”, ya sea económico, social, cultural y también clerical. Cuantas veces nos sentimos parte de un “sistema” donde se nos pueden asegurar muchas cosas, pero que sin embargo excluye, margina y discrimina a tantos, por ejemplo: mujeres y migrantes. El Papa Francisco proféticamente días atrás invitó al Sínodo de los Obispos a una religiosa francesa, Nathalie Becquart, no sólo a hacer presencia en esa instancia, si no también a tener derecho a voto ¡Cuanto tenemos que convertir el corazón al Evangelio!

En otro aspecto de la conversión al sentir de Jesús que necesitamos acrecentar en este tiempo de Cuaresma, conversaba tiempo atrás con una dirigenta de campamentos de Copiapó, y relataba como algunos habitantes de esas tomas se incomodan con la ayuda que se entrega por parte del gobierno a hermanos migrantes, y como muchas veces las oraganizaciones que se conforman en las tomas, lo hacen diferenciándose “chilenos” y “migrantes”, para distinguirse y no conformar un solo grupo u organización.

Pienso que como nos invita el Papa Francisco en la Cuaresma para este año y refiriéndose al ayuno, es necesario cultivar la experiencia de “privación”, dice el Papa que nos “…lleva a descubrir de nuevo el don de Dios y a comprender nuestra realidad de criaturas que, a su imagen y semejanza, encuentran en Él su cumplimiento. Haciendo la experiencia de una pobreza aceptada, quien ayuna se hace pobre con los pobres y “acumula” la riqueza del amor recibido y compartido”. Cada uno de ustedes comparte estas “privaciones” diariamente con los hermanos mas carenciados de nuestra diócesis, esta experiencia es necesario seguir haciéndola presente, como signo profético de un Dios que se hace pobre con los pobres. Sin embargo, somos testigos que en nuestra región han aumentado considerablemente el número de campamentos, así lo reconoce el mismo Ministerio de Vivienda. De acuerdo a sus datos, el 2019, nuestra región contaba con 4648 campamentos, creciendo desde el año 2011 desde 27 a 73, situación que evidentemente vemos en el año 2020 ha aumentado. Es preciso, por tanto, que continuemos estando cercanos a estos hermanos y hermanas, reconociendo en ellos a Cristo mismo que nos pide acompañarlo en su itinerario de la Pasión, permanente Cuaresma para quienes viven en las tomas.

Por último, quisiera invitarlos a la esperanza, como dice el Papa: “En el actual contexto de preocupación en el que vivimos y en el que todo parece frágil e incierto, hablar de esperanza podría parecer una provocación”, sin embargo, es necesario que reconozcamos los signos de vida y luz en nuestro caminar junto con Cristo. Soy testigo de la infatigable entrega de los funcionarios de la salud en esta actual pandemia, del sacrificio diario para responder a los desafíos permanentes que va colocando esta peste; del silencioso trabajo de tantos laicos y laicas de nuestras comunidades que se han organizado junto a los sacerdotes y religiosas para reunir comida y entregarla con una sonrisa en los labios (a pesar de la mascarilla); de las creativas maneras en que comunidades se han esforzado por llevar las eucaristías a cada uno de los hogares, a traves de por ejemplo, redes sociales. En este sentido ha sido muy hermoso ver como se transmitió por radio y redes sociales la fiesta de Nuestra Madre de la Candelaria, reflejo de la creatividad y el amor a Cristo y su Madre de hermanos y hermanas nuestras.

Estos signos, y muchos otros, son muestra de la esperanza que debemos renovar, somos hombres y mujeres de esperanza, hombres y mujeres de vida; precisamente el itinerario cuaresmal culmina en la Resurrección, que es la evidencia de que la última palabra es siempre palabra de vida.

Termino este breve compartir, con unas hermosas palabras de San Oscar Romero, quien nos invita a descubrir el centro Cristológico de nuestra fe y a animarnos en esa dimensión escatológica de la espera creyente:

“Eso ha hecho Cristo resucitado. Poner en el vaivén de la historia, entre las cosas transitorias que van y vienen, lo eterno de su vida. Su vida de resucitado, que no morirá más, pertenece a este mundo y dichosos los hombres que saben dar a su vida un sentido escatológico. Es decir, mirar en Cristo resucitado la meta hacia donde camino; con mis pobrezas, con mis tribulaciones, con mis ansias de liberación. Aferrado a ese Cristo no puedo fallar. Cristo le da fuerza, le da espíritu a esa lucha por un mundo mejor”

Deseándoles una bendecida Cuaresma y orando unos por otros, me despido fraternalmente en Cristo.

+ Fr. Ricardo Basilio Morales Galindo. O. de M., Obispo de Copiapó

Miércoles de Ceiza 2021

Compartir

Categories:

Tags:

Comments are closed