“El verdadero perdón pasa por reconocer nuestras culpas, asumir las responsabilidades y acoger la gracia de Dios que nos permite ponernos de pie”. Así lo afirmó el P. Jaime Pizarro, en su catequesis en el último día de novena en el Santuario de La Candelaria.

El padre dio lectura a una carta del papa Francisco, en la que expresa su dolor por los abusos sexuales cometidos por algunos sacerdotes y obispos, y por el encubrimiento o la negligencia al enfrentar estos delitos y pecados. Dice que “son más que actos despreciables, son un culto sacrílego, porque estos chicos y chicas fueron confiados al carisma sacerdotal y ellos los sacrificaron al ídolo de su lujuria, profanando así la imagen misma de Dios, a cuya imagen hemos sido creados”.

El Santo Padre alaba la valentía de quienes se han atrevido a denunciar, diciendo que han hecho un servicio de amor “al habernos traído luz sobre una terrible oscuridad en la vida de la iglesia”. Se comprometió a no tolerar estas conductas, a vigilar mejor la preparación al sacerdocio y la capacitación del personal de la Iglesia, e implementar políticas y procedimientos, para que estos pecados no vuelvan a ocurrir.

El P. Jaime dijo que era necesario el compromiso de todos “para que la Iglesia sea lo que el Señor soñó que tenía que ser: una familia de hermanos, un espacio seguro, defensora de los más pequeños, madre y protectora de los indefensos, los sin voz”.

La misa del horario vespertino fue presidida por el P. Rodrigo Herrera. En su homilía, el sacerdote dijo que la búsqueda más importante para una persona “es la búsqueda del reino de Dios, esa es la prioridad. Somos portadores de la buena noticia que es Jesús, de su proyecto que es la construcción de este reino, que Dios va extendiendo más allá de todo esfuerzo humano”.

“Seamos verdaderos discípulos el reino de Dios, de justicia y misericordia, de libertad y paz, de verdad, dignidad y fraternidad”, señaló.

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