El segundo día de novena, a cargo del administrador diocesano, P. Jaime Pizarro, se dedicó a la oración por las parroquias. Por eso, como signo, a los pies del altar había imágenes de cada uno de los templos parroquiales de la diócesis.

Después del rosario, de un texto de la Evangelii Gaudium y del evangelio, el P. Jaime bajó del altar para predicar en el medio del patio, junto a la asamblea. Dijo que la parroquia “no puede ser una selección de personas, nunca podemos echar a nadie; si en alguno momento hay que echar a una persona por problemaática, significa que nuestra parroquia fracasó en su misión de transformar el corazón de esa persona, que a lo mejor viene herido, aproblemado”.

Llamó a ser “capaces de acoger con cariño, pasar por encima de las pequeñas tonterías humanas. Todos tenemos defectos, no hay nadie químicamente santo, todos tenemos nuestra historia, a veces dura y dolorosa”, y por eso, dijo que “la parroquia tiene que ser el lugar de la acogida, de la sanación, del respeto, donde las personas se encuentren con el cariño y la misericordia de Dios y los hermanos”, dando la bienvenida especialmente a los que la sociedad discrimina: migrantes, los que tienen una opción sexual distinta, los pobres, los depresivos. Si no, la parroquia es un grupo de amigos, un centro social, pero no es la comunidad de los discípulos y discípulas del Señor”.

La misa de la tarde fue presidida por el sacerdote salesiano Eduard Rojas, copiapino, que se encuentra actualmente en Talca. En su homilía señaló como primera tarea el estar cerca de Jesús. “Después viene la misión -dijo -, que es anunciar lo que tenemos en el corazón, primero a nuestra familia”. Concluyó pidiendo al Señor “un corazón como el de María, sobre todo en las dificultades, o debilidades. “Cuando solidarizamos con el dolor de Cristo, nuestro dolor cobra sentido”.

Este sábado 25, tras la novena de las 19 horas y la misa, se realizará el Encuentro con los trabajadores, desde las 21.30 horas.

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