Una soleada mañana en el Santuario de Nuestra Señora de La Candelaria acogió la celebración de los diáconos, este sábado 10 de agosto, día de San Lorenzo. Los diáconos llegaron hasta el templo acompañados de sus esposas y familiares.

La misa fue presidida por el Administrador Diocesano, P. Jaime Pizarro, quien comenzó recordando a los diáconos ya fallecidos, y también a las esposas de diáconos que ya partieron a la Casa del Padre.

 

En la homilía, el sacerdote afirmó: “Hemos entrado en la Iglesia porque hemos descubierto que amamos al Señor y a nuestros hermanos más que a nuestra vida”, y enfatizó que “el que busca el honor o siempre quedar bien, ese ya perdió su vida; el que no tiene miedo de asumir las consecuencias del servicio y de la fe sin esperar recompensa, ese le achuntó“. Puso especial relevancia en que “la sociedad es exigente con nosotros; se espera de nosotros la santidad, por eso, aunque la debilidad y el pecado están en nosotros, no debe estar la corrupción”. Habló sobre la belleza del ministerio, que permite “alimentar a los demás, consolarlos”, y llamó a seguir el ejemplo de San Lorenzo, y de la Virgen María, que se hizo esclava del Señor. También recordó a Monseñor Fernando Ariztía, “que abrió las puertas del diaconado en la diócesis; que él nos inspire a entregarnos hasta dar la vida por los hermanos”.

Después de la prédica, los diáconos permanentes renovaron sus promesas. En el ofertorio se llevó al altar una caja de alimentos no perecibles. Al final, la esposa del diácono Tomás Torres, Telma Gómez, hizo una acción de gracias por el ministerio del diaconado, por ser un hermoso don para la Iglesia diocesana.