Como todos los años, el día dedicado a los niños y niñas se convirtió en una fiesta en el Santuario de La Candelaria. Miles de familias llegaron hasta el patio frente al altar de piedra, para participar de este encuentro, el sábado 2 de febrero por la mañana, en el que la Vicaría de educación implementó un rincón con actividades para entretener a los más pequeños antes que comenzara esta liturgia.

“Lleven a los niños a misa”

Esta fue la invitación que Monseñor Celestino Aós hizo a las familias reunidas en el Santuario. “Los niños nunca molestan –aclaró-, llévenlos a misa aunque se enojen los curas”, lo que fue acogido con espontáneos y grandes aplausos. Enfatizó la importancia de la familia en la transmisión de la fe, y en el buen ejemplo de los padres y abuelos para la formación de los más pequeños.

Después tuvo lugar un momento muy esperado, que es la aspersión del agua bendita sobre las personas, lo que esa calurosa mañana fue recibida con alegre devoción.

Encuentro con los trabajadores

Un llamado a los trabajadores a “unirse para defender sus derechos” hizo el Obispo en el marco de la bendición de los trabajadores, en la fiesta de La Candelaria. El Pastor dijo que “el trabajo hoy más que nunca es colaboración, es puesta en común, es sumar esfuerzos y saberes. Pero también los trabajadores deben unirse para defender sus derechos, que a veces son conculcados por quienes ven el trabajo solo como una fuente de ganancias”.

Agregó que “en el trabajo tenemos que mirar siempre la parte humana y no solo la parte material”, y que a un trabajador cristiano se le reconoce “no porque llevan una medalla o una cruz, se le va a reconocer por el modo como trata a los demás y el modo como trabaja”.

En esta liturgia se rezó por las distintas problemáticas que afectan el mundo del trabajo, como la cesantía, la precariedad laboral, los empresarios y autoridades, y como es tradición, se presentó una antorcha por cada uno de los cuatro trabajadores que perdieron la vida en una faena minera el año pasado. Este acto religioso concluyó con la bendición de las manos.