Una multitudinaria celebración se vivió en el Santuario de La Candelaria con la bendición y procesión de las candelas. Esta liturgia comenzó con la entrada del cirio pascual, con el que se encendieron las velas de todos los fieles presentes en el patio del Santuario. Luego fue el momento de la Palabra, seguido de la homilía del Obispo, Monseñor Celestino Aós.

“Esta noche – dijo el Obispo- tenemos que acoger este mensaje: poner a Jesucristo en el centro. No se viene a la eucaristía simplemente para hacer una celebración bonita, sino a renovar un compromiso, que nuestra presencia sea luz para los demás”, y enfatizó a la asamblea: “Tienen que ser luz los obispos, tienen que ser luz los sacerdotes, los religiosos, las religiosas, y tienen que ser luz los esposos y las esposas, los padres de familia, los profesionales; a cada uno de ustedes Jesús les dice tú tienes que ser luz para el mundo”. Concluyó: “Celebremos a Jesucristo representado como luz del mundo en ese cirio pascual, y a los pies de la Virgen renovemos nuestro compromiso de ser luz para el mundo, con la fuerza del Espíritu Santo”.

Comienzo de la procesión

Miles de personas se sumaron a la procesión acompañando la imagen de La Candelaria por las calles cercanas al templo. De vuelta, la imagen se ubicó en el altar, tras lo cual los bailes tradicionales también colocaron la imagen histórica. A la medianoche, los miles de peregrinos cantaron las mañanitas y el cumpleaños feliz para celebrar un nuevo año de la fiesta. Luego la Virgen recibió el saludo del Obispo, dl rector del Santuario y de los jefes de bailes, además de un esquinazo del club de cuecas.

Novena y misa

Más temprano en el Santuario se desarrolló la última jornada de novena, en que se rezó por las familias. En su mensaje, el Obispo dijo que “la familia puede ser un cielo, pero cuando se envenena se convierte en un infierno; que la Virgen nos ayude para que nuestra familia sea un pequeño cielo”. Luego el rector del Santuario, P. Francisco Javier Medina ofició la eucaristía. En la homilía dijo: “Lo que hemos meditado durante estos nueve días deben hacerse luz que ilumina en nuestros hogares”, y dio gracias al Señor “entregarnos a María como nuestra madre, que nos congrega en torno a su Hijo”.