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Radio santuario

Mensajes de Nuestro Obispo

Celestino Aós B., Obispo de Copiapó

El prado ajeno

¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?»

Cuando era niño y veía a las vacas que tenían un extenso prado a su alrededor y, sin embargo, pasaban su cabeza entre las alambradas para mordisquear el prado vecino me quedaba extrañado, intrigado. Me dijeron que siempre el pasto del prado ajeno parece más apetecible. Y, a veces, en la vida he tenido que pensar que así es, que así me ocurría a mí. Y a otros, que acuñaron el dicho de que no hay hombre grande para su ayuda de cámara. Jesús se lo enrostró a las gentes de su propio pueblo diciéndoles “Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa”. Y se asombraba de la falta de fe de ellos: conocían a su madre María y al carpintero José, y conocían también a sus parientes, ¿qué venía a enseñarles o aconsejarles ese muchacho?

Si queremos apreciar y disfrutar ciertos cuadros o paisajes tenemos que prestar atención y tomar cierta distancia. Sólo así alcanzamos la perspectiva necesaria. ¿Por qué algunos encuentran y saborean las maravillas que Dios hace y otros no? Porque necesitamos tomarnos tiempo, y prestar atención, y colocarnos a cierta distancia (y no hablo de distancia física sino emocional) para conocer y reconocer a quienes tenemos a nuestro lado. Pobres de nosotros si nos quedamos afirmando “ya la/o conozco, es mi mujer (o mi marido), se llama así, su cuerpo tiene estas características, sé sus gustos y sus mañas… ¿qué me va a enseñar o a aconsejar a mí? ¡Yo puedo darle lecciones!”. Esta situación extraordinaria que nos ha hecho vivir la catástrofe de los aluviones nos ha llevado a sorprendernos con gentes que tenemos a nuestro lado. ¡Personas maravillosas capaces de sensibilidad ante la necesidad o el dolor ajenos, solidarios hasta compartir voluntariamente no sólo sus posesiones materiales sino hasta entregar también su tiempo y su trabajo, abiertos hasta colocarse a nuestro lado para expresar sus sentimientos y rezar con nosotros! ¡Que jóvenes más esforzados y generosos tenemos!

Dos lecciones hermosas y profundas nos deja este domingo: aprender a “valorar” a las personas que tenemos a nuestro lado (probablemente no serán perfectos ni ángeles pero tampoco son canallas ni depravados); con ellas convivimos y conviviremos, con ellas formaremos equipo… Y, la segunda lección que merece la pena rumiarla para ver si se nos incrusta en el disco duro: el pasto del potrero vecino no es mejor que el nuestro; o sea: si usted no es feliz con su esposa/o, si usted no es feliz con su familia, si usted no es feliz con sus compañeros de trabajo ¡no sea ingenuo, no caiga en la tentación!, tampoco será más feliz con el otro o la otra. La solución llega por la re-valorización: no le quepa duda, a su lado viven personas maravillosas…

Líneas Guía de la Conferencia Episcopal de Chile para tratar los casos de abusos sexuales menores de edad

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Decreto: Ley particular para los fieles católicosdela Dióccesis de Copiapó. Ver aquí►

 

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