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Radio santuario

Mensajes de Nuestro Obispo

Celestino Aós B., Obispo de Copiapó

Estimados/as Catequistas:

¡Felicitaciones en este día que les dedicamos especialmente!. Yo también tuve “catequistas”; ya sé que la mejor felicitación que les puedo hacer a ellos es traerlos a mi recuerdo, elevar una oración por ellas/ellos ¡y tratar de vivir lo que me enseñaron!. Ustedes son llamados por Dios y por la Iglesia para profundizar y vivir más completamente las enseñanzas que quieren trasmitir y testimoniar. Y en el centro de catequesis está siempre una Persona: JESUCRISTO. Catequizar es descubrir en la Persona de Jesucristo el designio eterno de amor hacia nosotros: Dios nos ama, Dios me ama, Dios te ama. Se trata de conocer y descubrir el significado de las palabras, de los gestos y acciones de Jesús. El fin de la catequesis es conducir a la comunión con Jesucristo: él es el Camino que nos conduce al Padre en el Espíritu Santo. Serás buen catequista en la medida en que permitas que Cristo hable por tus labios, sienta con tus sentimientos, y actúe a través de tus obras.

Jesús encontraba a las gentes, y no las aturdía con discursos ni sermones; primero las escuchaba, y entonces les enseñaba, como a los discípulos cuando les explicaba las parábolas o los acompañó hacia Emaús, el sentido de los sucesos ocurridos. En estos momentos de sufrimiento por la catástrofe, más que nunca, escuchen, escuchen y escuchen; recen con las personas a quienes catequizan, y muestren la misericordia de Dios. Celebren la alegría de conocer a Jesucristo y entregarle nuestra vida; celebren la alegría de formar parte de la Iglesia. Celebren la alegría de ser catequistas: lo primero es ser catequistas, no solo  trabajar como catequistas. Ser catequista es una vocación y un servicio.  Ser catequista significa dar testimonio de la fe; ser coherente con la propia vida.

 

Catequista es el que custodia y alimenta la memoria de Dios; la custodia en sí mismo y sabe despertarla en los demás. El catequista es precisamente un cristiano que pone esta memoria al servicio del anuncio; no para exhibirse, no para hablar de sí mismo, sino para hablar de Dios, de su amor y su fidelidad. Hablar y transmitir todo aquello que Dios ha revelado: Dios no es indiferente a nosotros. Está interesado en cada uno de nosotros, nos conoce por nuestro nombre, nos cuida y nos busca cuando lo dejamos. Cada uno de nosotros le interesa; su amor le impide ser indiferente a lo que nos sucede.

 

“Estoy muy contento de mi catequista”, me dijo un niño. ¿Es muy simpático?, le pregunté yo. “No tanto”. Entonces ¿por qué? “Porque me habla de Jesucristo, de Dios y de la Virgen María”. ¡Cómo me gustaría escuchar esa alabanza de cada uno de ustedes! A la Gran Catequista, a la Virgen María, le pido que haga de ustedes unos buenos catequistas; a cada uno de ustedes, a sus familiares y a las personas que catequizan, mi mejor bendición. ¡Feliz día!.

Celestino Aós, OFMCap, obispo

Copiapó 16 mayo 2015

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