^ Subir
facebook

Radio santuario

Mensajes de Nuestro Obispo

 

Es mía y soy de ella
Celestino Aós B., Obispo de Copiapó

Rezo al Niño que reposa en el pesebre en Belén; rezo junto a la santa familia de Nazaret que componen san José y la Virgen María y Jesús que va creciendo; rezo por cada uno de ustedes, ¡y rezo por cada una de sus familias!. Los desplazamientos a las minas o a los parronales, imponen condiciones exigentes, a veces dolorosas para las familias en Atacama. Nuestra mayor riqueza no son ni los minerales ni las frutas para exportar; nuestra mayor riqueza es la familia. Y quien no cuida a la familia, quien destruye a la familia, no cuida a Chile, destruye a Chile. Y eso vale tanto para autoridades y legisladores como para cada chileno.
Nacimos en una familia que no elegimos ¡es mi familia!. Lazos de sangre, de filiación y parentesco, nos unen irrenunciablemente. Ahora se hablará de código genético, etc., pero es lo mismo: compartimos sangre y herencia genética con esos hermanos o medio hermanos, con esos hijos o papás. Y, con la sangre, compartimos cultura, hábitos y costumbres que cada grupo va creando y trasmitiendo. Y, de lo natural entramos en lo profundo del misterio: Dios permitió, entretejió los hilos respetando la libertad de ellos para que mis abuelos se encontraran y se amaran, para que mis padres se casaran, para que me engendraran. Veo así que Dios me regaló “esta” familia. Es mi familia. Y debo conocerla, debo quererla, debo construirla, debo traerla siempre a mis oraciones ¡tenemos que rezar por nuestra familia!.
Por otro lado, puedo afirmar con verdad que “yo soy de la familia”: ellos me recibieron al nacer, ellos me alimentaron y cuidaron, ellos me educaron y formaron, ellos se preguntan por mi persona y actividades, ellos comparten mis alegrías y mis penas y lágrimas, ellos rezan por mí… ¡Soy de ellos!
Y en la familia encuentro presente a Dios: Dios había enlazado con la sangre a María y a Jesús; José no compartía la sangre, pero sí compartía el amor, el compromiso, la dedicación. Hay un elemento que no ponemos nosotros, sino que nos es dado; pero hay otro elemento que sólo nosotros podemos poner. Porque, lo constatamos todos los días: no basta llevar la misma sangre; hay familiares que se desinteresan de los demás, algunos viven en las rencillas o en el odio, otros llegan hasta agredirse y aun asesinarse. La familia que debía ser el lugar de la intimidad, de la ayuda, del amor y de la vida, se convierte en el infierno del vacío, del desinterés, del egoísmo, del odio y de la muerte. Diría que en la familia no caben medias tintas: o construyo familia o destruyo la familia.
Ninguna de nuestras familias es perfecta; en todas hay deficiencias, en todas hay zonas de sombra o inmadurez. Pero todos tenemos que dar gracias a Dios por nuestra familia; y todos tenemos que preguntarnos ¿qué estoy haciendo yo para que mis familiares crezcan como personas, sean un poco más felices? Estas preguntas siempre tienen respuesta en nuestro corazón, porque siempre hay cosas que podemos ¡y debemos hacer!. La iglesia está preparando un sínodo sobre la familia precisamente para responder a esa pregunta ¿cómo podemos iluminar mejor a tantas familias que buscan ser más fieles a Dios y al evangelio? ¿Cómo podemos ayudar a tantas familias que pasan por crisis y dificultades, a tantas familias que arrastran el dolor de un fracaso o de una ruptura?. Tragedia enorme la de quienes vienen a trabajar buscando una mejor condición para su familia, pero terminan perdiendo a la familia: ¿de qué les sirve el dinero si terminan perdiendo el amor?. Hermoso día para reflexionar sobre la familia que es “mía” y sobre la familia de la que “yo soy”; hermoso día para rezar por mi familia y por todas la familias.

Error
  • Contacto no encontrado