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Radio santuario

Mensajes de Nuestro Obispo

Celestino Aós B., Obispo de Copiapó

El barro y el polvo de los pies.

Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Tomen, esto es mi Cuerpo». Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, y todos bebieron de ella. Y les dijo: «Esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos».. Mc 14,12-16.22-26

 “Antes yo iba a misa y sabía lo que tenía que hacer: rezaba mis oraciones y mi rosario, y el sacerdote hacía lo suyo; ahora ya no sé a qué voy, no se qué hacer, todo es un enredo…” me decía un anciano. Sí, enredo y además misterio, le dije. “Haced Esto en memoria mía”, nos dice Jesús. A usted y a mí; porque la misa o eucaristía es de todos nosotros. Ninguno puede ir a la misa, a mirar, a estar, a escuchar un coro o un sermón, a rezar sus propias oraciones. Vamos a participar: participar en las oraciones compartidas, participar en los cantos (sí, cantar), participar adoptando las mismas posturas de los otros, ¡participar comulgando! Estamos en línea con los judíos que comen el pan sin levadura en señal de humildad y beben la copa del vino que da alegría y también fuerza y entusiasmo para el camino. Jesús celebró su última cena pascual, y de ella hizo la primera misa, allí la primera consagración: tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo “Tomen, esto es mi cuerpo”; tomó una copa de vino, y dio gracias y se la entregó diciendo “esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza  que se derrama por muchos”… Jesucristo hoy toma al sacerdote y por su medio hace con nosotros lo mismo; y nosotros como los apóstoles y los cristianos de todos los tiempos proclamamos ¡”este es el misterio de la fe, este es el misterio de la fe!.

En aquella cena especial Jesús repasó su pasado, sabía la hondura y la perduración de su acto (estaré siempre con vosotros hasta el fin del mundo), y se nos entregó como certeza y fuerza para nuestro caminar futuro. ¿Qué significa reunirse con otros hermanos ante un altar y celebrar la misa? ¿Qué significa una misa para un cristiano damnificado en Atacama? Cierto, la misa no soluciona los problemas materiales (pero no sólo de pan vive el hombre sino que también necesita lucidez y fuerza interior). Cada vez que celebro la eucaristía me siento invitado por Dios, y por eso debemos comenzar con espíritu agradecido: agradecido porque soy cristiano y puedo participar y agradecido porque, precisamente, la misa me hace mejor cristiano. Sin enredarme en ritos ni palabras siento que el Padre me regala a Jesucristo, que Jesucristo me ama y me salva, que el Espíritu Santo sigue obrando y dando vida. Y la misa no es una devoción para la privacidad; la misa es la congregación de los creyentes: debo abrir mi corazón y sintonizar con los demás (al acoger en mí la palabra de Dios, al comulgar el pan santo, me convierto en cuerpo de Cristo o Iglesia; y, por tanto, ya no puedo comportarme como si no me importaran los demás, en especial los necesitados. Pero eso no son ideas o teorías, por eso sumo mi aporte a la colecta de cada misa para los pobres).

Jesús también supo del polvo y el barro en los pies; caminaba predicando el Evangelio. Luego nos asocia a esta tarea a nosotros. Y, en el día del Corpus, nuestros mayores sacaban el Santísimo en procesión, generalmente en artísticas custodias. Nosotros haremos una procesión alrededor de la plaza; la procesión será más sencilla, y la custodia material también. Pero usted, usted tiene que ser una custodia andante que lleve la presencia de Jesucristo allí donde usted vaya… Así vivimos la eucaristía.

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Decreto: Ley particular para los fieles católicosdela Dióccesis de Copiapó. Ver aquí►

 

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